Abr 09
Cuando creímos haberlo visto todo en el viejo Puerto; cuando vimos los ríos de orina llenar la piscina gigante del plan y olvidamos las razones de los marineros; cuando abdujeron nuestras conciencias y entre pantalones de colores, boinas, cadenas amarradas y cortaplumas colgando, se enroscaron los días de nuestra futura muerte; cuando vino ese día, ese primer y último día, vino un pequeño de fácil palabra y nos dijo que el día era nefasto, que nada podría seguir siendo tal como era, que el reggaetón se había detenido.
A este diminuto personaje lo conocí de la peor manera. Por suerte no compartí palabras (ni miradas, ni mesa, ni baño, y creo que tampoco alguna porción de aire) en ninguno de esos tres actos.
Papita cosechada por Sr. N












