Era una zona de guerra. Nos preparamos toda la vida para este momento. Era una guerra declarada. Estábamos atrincherados y con atavíos propios de la ocasión. Vino con frutilla, cervezas a mil, maní para los que llegaron temprano, regalos y sorpresas para los incautos; pero nadie esperaba una ofensiva tan avasalladora. Comandante Jalea estaba preparado para recibir el frente de ataque. Era su primera guerra y el miedo natural no deja ni rasguños en su coraje.
El reloj marcaba las veintidós con treinta y el barómetro estaba que reventaba. Los comandos enemigos comenzaron a descargar sus armamentos. Llegó uno de los nuestros a brindarnos apoyo táctico, el comandante Palote Herrera prometía su propio batallón defensivo. Nuestra técnica monetaria persuasiva no funcionaba del todo, nos estábamos llenando de enemigos en nuestra propia casa.
Once y treinta de la noche. Los tenientes de FúLatino coordinaban la defensiva, pero al ver que se venía cuesta arriba, comienzan a negociar una rendición, que no llegaría. Preocupados los rostros de los habitantes del lugar. Preocupados nosotros. Ni una mediación papal podría salvarnos de esta, estaba que reventaba la guerra. Ni siquiera el arribo de los comandantes Kaskivano y Demian nos tranquilizó. Sabíamos que a esta altura la carnicería era inevitable. Por mi mente pasaban imágenes confusas, lentas masacres, gritos clamando piedad, cuadros de Bacon, películas de Peckinpah… en eso estaba cuándo más refuerzos hicieron aparición, se trataba de los Cachivache y sus batallones armados con guitarras y versos.
Casi doce de la noche y empezó la matanza. Los que pensamos que eran aliados, resultaron ser armas secretas del enemigo. Todos contra LaUltimaPapita, todos contra todos. Pichanga de barrio jugándonos la vida.
Demian Rodriguez al escenario y no hay quien lo detenga. Dispara en todas direcciones, sin mirar, sin pensar en las víctimas ni un segundo, este cabro nos destruye primero las trincheras y nos deja al descubierto. Su canto es callejero, es pensado y jubiloso, su voz escarba nuestros huesos y termina por derrumbarnos.
Viene el que creímos era nuestro mayor defensa: Jalea. Pero no, también se pasa al bando enemigo, están todos confabulados para ganarnos la guerra. Traición y conspiración. Canta Jalea y el público corea canciones. Es un adelanto. Se sube un fundamentalista a causar más destrozos. Pienso esta noche se está volcando al negro y no tenemos que hacer para detenerlos.
Viene por nosotros. Es Kaskivano subiendo al escenario, y las mujeres claman piedad. Nos ataca por los flancos, nos dispara de frente, nos tira granadas en los oídos. Saca la metralleta y dispara a quemarropa. No queda nadie sin herir. Es la guitarra masacrando a los ingenuos y cuándo creemos que amaina el ataque, empieza otra vez y no deja descanso.
Y los guerrilleros de Fúlatino, caracterizados con vestiduras de combate, se toman ahora el escenario. Se toman el escenario, El Habano y toda Villa Alemana. Se toman todo, la verdad. Demuelen con pachanga todo lo que quedaba en pie y un poco más. El debut más esperado de la provincia del Marga-Marga no deja espacio para dudas y dejan todo en el campo de batalla.
Cuando las frases ya salen como murmullos y las luces parpadean, en el fragor de la guerra, hace su entrada el comandante Palote Herrera, que montado en su Panzer nos pulveriza a cañonazos. Atento a los movimientos de los batallones, este asesino por naturaleza espera cualquier signo de debilidad y lanza sus canciones como bombas incendiarias.
Casi las dos de la madrugada. Nadie se ha movido de su asiento. Todos se tambalean armados de botellas y guitarras. Vienen los más crueles, los hijos ilustres del miedo, los que no toman prisioneros. Vienen a rematar al enemigo. A desmantelar el Bar El Habano y no dejar lugar para la vida. Donde pisan los Cachivache, no vuelve a crecer el pasto. Es una batalla injusta, las bajas hacen mella en nuestro ejército y no hay donde aferrarse. No nos piensan dejar tranquilos. La batalla estuvo siempre perdida.
Cuatro de la madrugada. Aparecen las primeras bayonetas y la lucha cuerpo a cuerpo es nuestra última esperanza. La sangre y los gritos desesperados no calman a los insaciables chacales. Se pelean por subir al escenario y quemar desde ahí sus últimos cartuchos.
La cerveza se acaba pero no importa, ya casi no queda garganta que saciar. La última canción suena como un suspiro de resignación. Perdimos la guerra, pero no nos importa. Perdimos a nuestro general más capacitado, pero no nos importa. Sobraron roces entre nuestros ejércitos de guerrilla, pero no nos importa.
Como dijimos : no nos importa ganar, sólo queremos dar la batalla, y si es necesario dar la vida en ello.
Agradecemos a todos los que hicieron esto posible, a los que cooperaron materialmente o con pura buena onda, a los que prometieron que iban a ayudar y no lo hicieron también agradecemos por darnos esperanzas.
A Gabriel y Bar El Habano, gracias. A Jalea, Kaskivano, Fúlatino, Demian Rodriguez, Palote, Cachivache y el curao que casi canta, gracias. A nuestras familias y a la gran familia que formamos, gracias. A los asistentes que pagaron la entrada y a los que no, gracias. A Srta. C, la fotógrafa oficial, gracias. A Marco y José, gracias. A ti, a ti y a ti también, gracias. A Sr. M, a Sr. P, a Sr. E, a Sr. X, Y y Z… Gracias!
Nos vemos por ahí. Si es que nos vemos.
Todas las postales de guerra acá, cortesía de Carla Araneda
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Papita sembrada en
Cachivache • Demian Rodríguez • FuLatino • Jalea • Kaskivano • La Ultima Papita • Palote Herrera
cosechada por
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Luis Rojas
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Fulatino
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Chikyugi













