A las 00.00 se oyen las primeras notas. Son los Fedeska que se creen el cuento. Son ocho o nueve más unos fieles fundamentalistas del carrete que echan el pie al ritmo en una disimulada competencia de baile inconsciente, en el que me las doy de jurado – rima con curado – y declaro ganadores al despigmentado de los Keko y a la muchacha de las polainas coloradas.
Quizás Los Fedeska saturan un poco el ambiente, quizás pecan de impecables, pero a fin de cuentas nos dejan a todos los aguateros del diablo zapateando con ganas de más.
Una hora y algo más tarde. Los enmascarados se toman el escenario y anuncian la perdición. El acople. El sature. El desborde.
Morales reinventa el sonido del garage. En su presencia no existe la ortodoxia ni mucho menos la paz. Son lo más copado ¿viste? (pa’ que entiendan los argentinos gritones de paseo por la zona). Los cacofónicos de la guitarra se tornan inmorales de golpe. Nos enfrentan a la noche ruidosa de un puerto que se olvidó de dormir.
Morales son entonces las confesiones que nos hacemos entre susurros. Morales son las poesías óseas que se esfuman cuando los tres asesinos en serie del escenario se miran los ojos hastiados y dejan los instrumentos haciendo equilibrio en una nota interminable.
Son cerca de las 3 am y la acumulación de latas vacías en el suelo provoca pichangas improvisadas, machas y juegos típicos que culminan como debe ser: con muertos y heridos.
Un didgeridoo inicia el rito. Perdón. Un doctor que toca el didgeridoo da inicio al rito. Se parece a mi antiguo médico, pienso, pero levemente borracho. Me viene a la memoria ese examen que nunca me hice y un dolor en el hombro izquierdo que me vuelve cada vez que bailo axé. Por fin salgo de mis recuerdos y me doy cuenta que ya están todos en el escenario: un doble de Steve Buscemi, el ganador de mi concurso de baile inventado, Goku, otros enseres inclasificables y mutantes anónimos.
Así nos hundimos centímetro a centímetro en las barbas de la noche desobediente, porque eso somos, eso fuimos: unos niños de teta en nuestra primera tarde solos, jugando con tierra y fuego, comiéndonos los pecados que aún no tenían nombre. Y eso son los Keko Yoma. Máscaras sobre máscaras entonando el himno oficial de los alcohólicos muertos.
Entre el humo y las cervezas se aparece Axl Rose, otro enmascarado, Michael Jackson, El Chavo, el vocalista de Monjas con Atraso, el curado del cliché (no podía faltar). Pide pan, no le dan. Se está acabando esta canción que no tiene final. Son los Keko Yoma y no se quieren bajar del escenario hasta que terminemos todos en el hospital, impregnando el ambiente con nuestra pinta de montaña rusa.
La fiesta sigue (¿está recién empezando?) en el Sindicato N° 1 de Estibadores y es Juanito Sangre el encargado de sacarnos a todos a bailar. Creo que es suficiente. No me queda más estómago y en un par de horas tengo que trabajar.
Dejo constancia de la presencia de Sr. M, Srta. G y de quien les cuenta, todo gracias a la nada sutil generosidad de los organizadores.
* Las fotos las pueden encontrar AQUI, gracias a la Srta. G y su dedicada labor.
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http://www.gugulson.com Jhonny J. Blood
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http://www.kekoyoma.com Renato Pizarro Osses
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Gea
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NIRO
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http://www.kekoyoma.com/portada/keko-yoma-morales-y-fedeska-%e2%80%93-sindicato-de-estibadores-2009-02-05/ Keko Yoma, Morales y Fedeska – Sindicato de Estibadores [2009.02.05] « Keko Yoma









