Después de buscar infructuosamente una conexión a internet gratuita (iluso) miro un pequeño cartel con un tren dibujado, que fácil ¿no? Sigo sin entender nada, pasajero en tránsito hacia algún lugar, por fin el tren, una chica me mira con cara de extrañeza, me delata mi nerviosismo, pero me decido a preguntarle si el tren iba a Olten (suena como a He-man), estoy en el andén correcto, por fin, la chica se me queda mirando hasta que subimos, después de una larga conversación con el cobrador, entiendo que estoy acostado en dos asientos de primera clase y que si quiero pagar menos debo largarme hacia la clase que me corresponde.
Ya en tercera me siento y comienzo a engullir como un animal mi paquete de galletas regalado, en eso miro hacia adelante y está la lolita que me indicó que este era el tren correcto, se ríe y se sienta a mi lado, creo que tengo un problema para entablar relaciones así como así y lo dejo en claro, petrificado pienso que lo mejor es ofrecerle galletas, las acepta y empezamos a hablar, más bien ella empieza a hablar, entiendo poco y nada de lo que me dice, pero me fijo en sus manos y tiene parches curita en varios de sus dedos, de todas formas no le pregunto, no puedo ser tan impertinente, al rato se da cuenta de que no entiendo anda, creo que se enojó un poco y me está mandando a la chucha en suizo.
Mi primer acercamiento al primer mundo es un rotundo fracaso, prefiero hacerme el weón y le digo que voy al baño, nunca más volví a su lado, perdí el preciado paquete de galletas, me quedé dormido, desperté en mi destino, pero todo sigue en orden, como debe de ser.
Porque cuando pisas un puerto eres un número, y cuando llegas a tu destino, eres otra persona. El tránsito entre ellos nomás lo conoces tú, y para el caso, jamás existió. Pero en esta situación nadie me conoce, solo basta con salir del andén y todo será nuevo.
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elina







