Foto: El Pititore [cc]Despierto tempranísimo, cosa que de-tes-to. Me levanto, me ducho, me visto. Salgo. Llueve, y puta que llueve.
Espero colectivo y la hueá no pasa nunca. -Santa cachucha- pienso (no, la verdad es que tiré un par de chuchás con cuática), mientras emprendo camino hacia el paradero.
Tomo micro, está oscuro todavía –puta el N, por qué no viajó más tarde?- Llego a la U, tomo el colectivo que nunca pasó por donde vivo y le digo al conductor –HEY! Siga a ese auto!- No, mentira. Me fui calladita hasta que llegué al terminal.
Y llegué; bien tarde, pero llegué. Entro al Camilo Henríquez y pah! Veo al mismísimo Angelo Escobar, sentado con un bolsito entre las piernas. Veo a Sr. N, lo saludo -cómo estay?- Sonrisas. Me acerco para saludar al antes mencionado cantautor y a su mamá.
¿Qué hacemos? -Esperemos que llegue el auto del Angelo, que lo viene a buscar un loco de Aldaba- dice N. –Dale, esperemos-.
Para mi(nuestra) buena suerte, el que fue a buscar a Angelo y a su mamá era quien había comentado la reseña de la Pelea de Gallos I: Daniel Gómez. El ahora amigo de LUP nos hizo la paleteá y nos dejó cerca de mi pensión.
Nos bajamos. –Chucha, mi mochila- Dice Sr. N, mientras el auto se alejaba. Me cagué de la risa, debo reconocer. Hicimos señas y el tocomocho se detuvo; corrimos a buscarla y N hizo mansonique taco que duró con suerte 10 segundos, pero la gente es tan gil que se altera por nada.
Llegamos. Conversamos, nos tomamos un té, escuchamos música… Partimos a la U. Recorrimos un poquito mi hermosa universidad, fuimos al Plato (si usted es penquista o estudia en la U de Conce, sabrá a lo que me refiero) N se comió unos tocomples mientras yo, súper viva, me tomaba un helado… Con el medio frío.
A las 16:30 Angelo y Gastón Gómez tocarían en el Arco de la UDEC (primero sería en el Parque Ecuador, pero por problemas meteorológicos se cambió de lugar), así que esperamos un rato a que los jóvenes músicos llegasen. Por mientras, N escribía en su cuadernito amarillo –si no lo escribo, no me acuerdo- me dijo.
El tiempo pasaba y en eso llegan los chiquillos. También estaba la Sra. Juana, mamá de Angelo, y el gran Pititore, un maestro dibujante. El frío –y la lluvia- comenzaba a hacerse presente cuando a Gastón se le prende la ampolletita y dice –Oye ¿y si vamos donde la Tita?- Fue lejos lo mejor que pudo haber dicho. Todos aceptamos, claro está.
Y es que el lugar a donde nos llevaría Gastón es lejos el mejor para conversar, fumarse unos puchos, tomarse una bebida (o una chelita, en el caso de otros), comer sopaipas y escuchar música… de la buena.
No hay palabras para describir el Aula Cero (o, simplemente ‘Donde la Tita’). Un lugar con 50 años llenos de crudas historias en tiempos de dictadura, de otras más alegres, de una decoración maestramente roja… y de música hasta por los codos.
El lugar está lleno -cómo no-, y Gastón comienza a tocar. Todos lo habíamos escuchado antes, excepto N que solo había escuchado su disco. Afuera llovía y en eso el gran Sr. M avisa vía teléfono móvil que ya estaba en la capital del Bío Bío. Lo fuimos a buscar y volvimos donde la Tita.
Música, jugo de naranja, cervezas, cigarros, excelente compañía. Angelo se sube al escenario imaginario y comienza a tocar. Éramos ¿cuántos? ¿30 personas? 30 personas disfrutando de aquella maestra poesía que generaba un grato ambiente en el Aula Cero.
Se hacía tarde, pero nadie quería despegar el poto de la silla. Unas cuequitas del Sonri, N bailando como trompo, lo mismo Gastón. M pidiéndole a Gómez –Toca aire, toca aire-; sonrisas de la Tita –andaba más simpática que de costumbre la eñora-, risas, fotos, todos felices… Nos fuimos.
No recuerdo qué hora era, pero sí recuerdo que un amigo tuvo esa noche un accidente, que una amiga me llamó para avisarme, que me dijo que estaba grave, que casi me puse a llorar, y que al otro día supe que la mina le había puesto color: Tan solo se había quebrado la clavícula. Pajarón.
La cosa es que lo pasamos excelente. Y no me cabe duda que así fue: M y N quedaron locos con la gran Tita y quieren puro volver. Segurito que no.
-La cumbre es a las 12. Nos levantamos tipín 9 – 9.30 para estar en Talcahuano tipín 11 ¿ya?…
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