
Foto: Michael [cc]
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No sé si se puede sentir nostalgia por lo que no conocemos o simplemente no nos tocó vivir o es todo aquello que es nuestra personal negación del mundo. Nadie se preocupa por ello, por lo que ocurre y no ocurre a la vez. Quizá alguien escriba mejor que yo sobre eso por qué yo casi no escribo, me quedo aquí en la puerta de mi casa a esperar que caiga el sol y devastar con sus colores todas las construcciones cuando las tiñe de fin, a media calle, sin esta máquina, sin intentos de literatura, con todo lo perdido antes y después de mí. Y nos entristece lo que no sabremos, lo que no alcanzamos a escribir.
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La literatura, no sólo la escritura, que lamentablemente son cosas muy distintas aunque nos refiramos a una por la otra, siempre se ha empeñado por el silencio, se ha resistido también en un grado menor a éste. A través de la historia de la literatura existe una tendencia a la oscuridad, a escribir y hacer desaparecer de algún u otro modo lo escrito, a que se pierdan libros, o nos lleguen incompletos o incluso en pequeños fragmentos como los poemas de Safo o Las semanas del jardín de Cervantes o las obras de Cayo Cornelio Tácito, como la obra entera de Galo, si creo no me equivoco, si creo yo también lo he perdido ya, y Galo por segunda vez irremediablemente. Estamos llenos, que hablar sobre Alejandría, de literatura que hemos perdido, y tal vez hoy en día, es el único camino a seguir. Escribir libros y hacerlos desaparecer, escribir fragmentos, escribir novelas colosales y extensas y dejar algunas páginas y párrafos sueltos por ahí como único vestigio de ellas. Querer perder de manera total, llenarnos de una nostalgia que puede ser equívoca y antojadiza, que sería finalmente la única posible. Tener nostalgia por lo que no leímos, y lo que no alcanzamos a escribir.
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Sí, nostalgia inenarrable, inherente, pero que quizá no nos pertenece. Nostalgia que ni siquiera pedimos por prestado como las generales y comunes tragedias de todos los días, las que nos conmueven al desayuno y leemos en el periódico con esa consternación de media página o página y media, o vemos distraídamente por televisión y entregamos a nadie nuestra conmoción distraída, no, es una nostalgia totalmente desamparada, una nostalgia que sólo los más venturosos y desdichados conocen, que luego se transforma en melancolía, dulce y terrible. Hay algunos, sobre todo poetas, más aun los escritores, casta aberrante (la primera, y la segunda también), que pasan por alto y nunca tocan esta nostalgia benigna y terrible, están preocupados de justificarse socialmente, no somos tan ignorantes, no somos tan tontos después de todo, nos echaron de la Universidad debido a que teníamos otros intereses o nos descubrimos tardíamente y nadie logró comprendernos, ocupamos mal el lenguaje y de manera reducida pero somos hombres de letras, hablamos de escritores y libros pero nadie lee nada. Ellos nunca sabrán de qué hablo.
Hay una nostalgia indecible, que en este espacio en blanco se puede percibir
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La única manera de obtener la inmortalidad por medio de la literatura, es el silencio, o la sombra, sí, la sombra de lo que escribimos, hacer una obra que deje todo atrás y termine perdiéndose. Olvidar las obras, olvidar a Taine.
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Me ayudo a registrar mi connotación de sombra condenada a la desaparición en esta especie de Diario, de cuento, de ensayo travestido en cuento y Diario, un ensayo roto, un Diario roto, un cuento que no es un cuento y que apenas narra y cuenta. Me ayudo, luego de haber confirmado mi inminente y atroz futuro, para anotar, como si fuera Taine, un alter-ego antitético, mi maldición. Apenas si escribo sólo lo suficiente en estas hojas. Me he entregado a la labor (una de mis labores) de revisar, acotar, y reducir mi obra entera, a veces, inclusive, de manera radical, poco a poco. Parezco un viejo que recorta un periódico con el fin de armar un puzzle anacrónico y devastado. Sigo traduciendo sus libros, no entiendo por qué.
Cada vez escribo menos, el Diario lleva a cuestas las distintas y raras ocupaciones a las cuales me he entregado a tiempo completo. Recorro, tal vez para recordar un cuento sobre ello, los cementerios, y recuerdo, y escribo aquellos recuerdos que me traen las tumbas abiertas, las flores podridas, los mausoleos con nichos por ocupar, las cruces que se dejaron caer de las lápidas, los nombres que el cemento del cementerio no guardo, las vidas de los visitantes que abrevié malamente. Escribo algunas cosas que no escribiré, escribo el recuerdo de lo que escribí y deseché, la única posibilidad de literatura.
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Karl Bernardht Taine escribió en su Diario como una nota, apenas reconstruida, escrito raramente en un alemán tímido, impropio de él aunque no era alemán pero lo manejaba a la perfección, anexada a un incierto 4 de Abril de 1924, esto:
‘La ruina seguirá siendo el olvido. La vida peregrina mía… la escritura está en el aire, en esos parques llenos de gente, en el aliento, en dulces y amargas lágrimas. La lluvia limpiará todo, las calles y mi ropa. Nostalgia brillante en los adoquines, años perdidos. (…) invento entre mis tardes libres sumido en esa nostalgia de aguacero las cotidianidades de mis hijos, de mi mujer, de los que sigo amando aunque me hayan creído demasiado peligroso entre sus roces. Pero eso es llanto para botar de las manos’
Aquí se corta el manuscrito para aparecer en otra reflexión, pero antes quiero referir que me encontré con un Taine irreconocible, en este párrafo como en el segundo que adjuntaré más abajo. Un hombre en momentos derrotado, con una debilidad espasmódica, que en su obra jamás apareció, y en algunos de sus escritos acusaba intolerante a los vicios del alma, que consideraba aberrante ya que lo imposibilitaba a cualquier menester, transformándolo en materia del sentir, nada más arbitrario, nada más inexistente. Y, por otro lado, este párrafo, me da cierta (o incierta) posible razón que de un día para otro no volvió a escribir su diario, años antes de morir, sin mayor motivo. Más abajo su diario reproduce fechas hasta el día de hoy, en alemán, en ruso, en italiano, en inglés, en francés. La última fecha anotada es de tres días atrás. Transcribo:
‘Esto de ser sombra es arduo y temerario. Se necesita experticia para llevarlo a cabo y no terminar siendo sombra de su sombra. La sombra, debe ser reflejo luminoso de nuestra placentera oscuridad.’
El Diario se perdió, quedan unos recortes
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No es necesario anotar los días, es un Diario sin días, es un Diario roto
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Ánforas para escritores, para novelistas, para sicarios
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MI MEJOR CUENTO.
Mi mejor cuento yo no lo he escrito y no lo ha escrito nadie. La razón, muy simple: no es un cuento, es un párrafo, son apenas unas líneas en medio de una novela, parte insignificante de un capítulo (existen, en varios autores y varias obras este tipo de cuentos furtivos, pero sin duda este es el mejor). La novela, para mí, es esencial, una de las mejores que he leído, una novela imprescindible, de mis escritores imprescindibles. Podría haber sido perfectamente un cuento inigualable, pero era una novela, un hecho descrito con maestría, y allí se esconde el mejor cuento que yo haya leído, un cuento total, está todo y nada de lo que uno requiere de un cuento, aun mejor, no es un cuento como ya dije. Para quienes lo reconozcan (y los que no), aquí está, como un naufragio apenas rescatado:
‘Percibía el olor de las curvas del río más allá del ocaso y vi la última luz indolente sobre bajíos de la marea como trozos de espejos rotos, luego detrás de ellos las luces comenzaron en el aire, pálido claro, temblando un poco como mariposas.
(…)
Apagué la luz y entré en el dormitorio, saliendo de la nafta, pero todavía podía olerla.’
En pocos autores un cuento se da de esta manera, y es lo que siempre me hubiera gustado escribir, pero no es un cuento y nadie verá como yo aquí un cuento.
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Recuerdo el moleskine que me regalo para escribir; me escribió, sobre la primera hoja, una carta. Era para escribir mi primera novela que se quedó en siete páginas, con su carta penosa y buena. Mis estantes, que están llenos de cuadernos escritos y olvidados, guardan aun la novela que intenté escribir y quedó en medio de una calle solitaria a media noche, al frío de una mujer lejos. No sabe ella cuantas veces he intentado escribir en aquella libreta esa novela o un cuento o un escrito cualquiera, una triste elegía, un poema. De ese entonces que nada escribo, que hago fragmentos, líneas como rayas de una mano corriendo sobre el agua.
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Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos.
Quedarme con esto, quedarme con un olor en un papel y sentir, por tardes llenas de alegría, como desaparece.
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También es una empresa fracasada la maquina de quemar, ya que también es imposible quemarlo todo, pero quemaremos una parte, la más importante, y quemaremos a Taine, y a mí.
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Que tristeza que no quede nada.
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No te escribí nada, y tu carta, esa que nunca te mandé, la perdí, la quise perder.
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Perseguir lo esencial de estos cambios, así como de las transformaciones constantes del sentido, en la subjetividad de lo nacido ulteriormente, en vez de buscarlo en la vida misma del lenguaje y de sus obras —aun admitiendo el psi-cologismo más riguroso— significaría confundir el principio y la esencia de una cosa o, dicho con más exactitud, sería negar uno de los procesos históricos más grandiosos y fecundos de la fuerza primaria del pensamiento.
I had never heard the remark made by any one in my life, except by one; and who that was will probably come out in this chapter; so that being pretty much unprepossessed, there must have been grounds for what struck me the moment I cast my eyes over the parterre—and that was the unaccountable sport of nature in forming such numbers of dwarfs.—No doubt she sports at certain times in almost every corner of the world; but in Paris there is no end to her amusements.—The goddess seems almost as merry as she is wise.
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Quedarse con páginas ajenas. Fragmentos ajenos.
Tamborileó sobre el escritorio mientras miraba a través de la habitación y más allá de la ventana, por encima de los altos edificios: su ciudad. Porque había levantado parte de ella, adjudicando los contratos por un precio, cobrando el porcentaje normal, pero insistiendo siempre en que los contratos fueran buenos, en que
Ich weiß wohl, daß wir nicht gleich sind, noch sein können; aber ich halte dafür, daß der, der nötig zu haben glaubt, vom so genannten Pöbel sich zu entfernen, um den Respekt zu erhalten, ebenso tadelhaft ist als ein Feiger, der sich vor seinem Feinde verbirgt, weil er zu unterliegen fürchtet.
Es tan triste. Paisajes satinados donde la gente se divierte antes de la guerra. La voz de la des- conocida describe, explica, aventura causas de efec- tos nunca desastrosos y siempre anémicos. Un pai- saje que jamás necesitará un termómetro, cenas tan amables, maneras tan increíbles de despertar por la mañana. Por favor, sigue hablando, te escucho, di- ces mientras te escabulles corriendo a través de la habitación negra, del momento de la cena negra, de la ducha negra en el baño negro
On était au commencement d’avril, quand les primevère sont écloses ; un vent tiède se roule sur les plates-bandes labourées, et les jardins, comme des femmes, semblent faire leur toilette pour les fêtes de l’été.
Then we noticed that in the second pillow was the indentation of a head. One of us lifted something from it, and leaning forward, that faint and invisible dust dry and acrid in the nostrils, we saw a long strand of iron-gray hair.
l’orateur vous dépeignait ces temps farouches où les hommes vivaient de glands, au fond des bois. Puis ils avaient quitté la dépouille des bêtes, endossé le drap, creusé des sillons, planté la vigne. Était-ce un bien, et n’y avait-il pas dans cette découverte plus d’inconvénients que d’avantages ?
Ora sen va per un secreto calle,
tra ‘l muro de la terra e li martìri,
lo mio maestro, e io dopo le spalle.
«O virtù somma, che per li empi giri
mi volvi», cominciai, «com’a te piace,
parlami, e sodisfammi a’ miei disiri.
La gente che per li sepolcri giace
potrebbesi veder? già son levati
tutt’i coperchi, e nessun guardia face».
E quelli a me: «Tutti saran serrati
quando di Iosafàt qui torneranno
coi corpi che là sù hanno lasciati.
Suo cimitero da questa parte hanno
con Epicuro tutti suoi seguaci,
che l’anima col corpo morta fanno.
Però a la dimanda che mi faci
Durante mucho tiempo les pareció que la única impresión que podían sentir era la de un acabamiento, la de un final, la de una conclusión
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Me he quedado contigo, con tu recuerdo último, lejano y borroso.
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Cata Tapia J
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Ego
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Valkiria
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Marcelo C.






