Nov 07
Si, ha muerto La Tita.
Volver a casa es el placer infinito y final de cualquier viaje. Eso si se tiene una casa, eso si se aprecia el viaje en su totalidad y no se piensa en la llama hogareña hasta el mismo momento de llegar a ella. Pero algo distinto ocurre cuando se encuentra esa llama en otra casa. Un destello especial (de madre quizás) en la puerta, en las paredes y en los utensilios de otra casa, un amor invisible en los ojos de quien ha presenciado cómo su casa ha servido de hogar a tantos.
Me estoy adelantando, quizás no era su casa, quizás no era su impresión, pero en eso consiste justamente esta crónica, en las conjeturas. Recapitulo.
Su puerta estaba cerrada y ya caían unas duras gotas como sólo caen en Concepción. Unos gritos callados, unos favores cobrados, unas presentaciones triviales y ya está. Eso bastó para que La Tita nos abriera la puerta de Aula Cero. Yo, pelagato, me senté donde pude y me dediqué a observar, a escuchar. A ser una parte insignificante del mito viviente.
Hace unos pocos días escuche a Marc Auge decir algo así como que el patrimonio de Valparaíso no eran sus construcciones europeas de siglos pasados, tampoco eran sus cerros y sus intestinos enredados cubiertos ahora de cemento, menos sus conventillos ni sus lugares públicos, sino la gente. Facilito: el patrimonio vivo es lo único rescatable (sumando y restando) que mantiene al puerto tal y como es, la relación entre unos y otros, la comunidad que se mueve y construye en torno a la cultura intrínsecamente porteña.
Lo mismo pienso de un lugar como Aula Cero, que si bien se ha arraigado en mi memoria como una belleza natural, por su decoración y sencilla calidez, por su humildad e importancia histórica, lo que no dejará nunca de nacer es la imagen de la Sra. Tita atendiendo, siendo atendida, riendo, retando, cantando y frunciendo el ceño, aplaudiendo a la cueca, mirando feo al cabro que le moja el piso, contando una y otra vez el vuelto, pegándole al molestoso de allá atrás, etc. La Sra. Tita es (no dejará de serlo, ya lo saben Uds. mucho antes que yo) el patrimonio vivo de toda una época.
Hace menos de 2 años recién tuvimos el agrado de visitarla por primera vez, luego Sr. M pasó innumerables veces por su piso de madera. Y antes que nosotros, muchos, muchísimos. Generaciones completas de intelectuales a quienes les debemos mucho. Hordas de cantores, sin duda hicieron de La Tita su mejor aliada a la hora de buscar cobijo.
Es este nuestro sincero y humilde homenaje a la Sra. Tita, doña Audita del Carmen Salazar Salazar, cuyo cuerpo es hoy enterrado en algún campo para tal efecto. Por fin nos ha llegado el turno a nosotros de actuar en el tiempo de los recuerdos y no dejar que pase un segundo sin rendirle tributo a quien dio en vida todo de sí para hacer de este un mundo un poco mejor.
Quedan oscuros los días pasados cubiertos de lluvia, replegándonos en masa desde Aula Cero, preparándonos para otros devenires, agradeciendo a nuestros amigos de Conce y a quien corresponda por darnos a conocer parte de la historia en un bar escondido en los alrededores de la U. de Concepción.
Adiós Tita.
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http://twitter.com/GonzoMelian Gonzalo Ulloa
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TrOsTriGo Fffuuuhh








