
Me encontraba en el segundo párrafo de mi anécdota de aquella ocasión en que vi a Los Pericos en el Festival de Viña 95, cuando me llega un correo salvador de mi colega Sr. C. No conforme con su descomunal historia de pegadas y redadas de la semana pasada, me envía una segunda parte para (textual) “compartir con los pulentos de lun”. Pobre Sr. C, pensó que con sus melodramas podría destronar a Faloon y sus tentáculos del mundial.
Me bajé de la micro en Barón a eso de las 21:30. Me uno al rebaño esperando el verde aquel que rompe la quietud. Miro hacia mi pared favorita, esa donde antenoche pegoteamos los afiches que luego taparon y que luego volvimos a tapar. Y veo a mi compadre brocha en mano barnizando con engrudo uno por uno, toda la fila de nuestros afiches. Estará aplicando mantención urbana, pienso.
-Ehh oye que onda, los vai a tapar?
-(Abriendo su mochila y sacando un tuco de afiches) Si.
-Pero que onda, si tenís la tremenda pared y estai tapando justo los que pegué yo.
-Así es la ley de la calle hermano.











