
Es el último viernes de marzo y sigo esperando que la Tercera Edad salga a la calle a reclamar sus derechos. Que los peones y los temporeros. Que los neopreneros y los pastabaseros. Que los choferes de micro y los muertos de hambre. Que el vendedor de cachureos de la plaza se levante un día y se una a la lucha estelar que ya empezó. Que el canto de la calle se haga oír en los pasillos de los edificios “importantes”. Que su poesía de artillería desnude las almas de los nuevos poderosos, para que se den cuenta que el poder no reside en sus billeteras ni en su don de mando. Que oigan la voz gastada y adviertan que en la calle está lo que no se puede comprar con bonos ni sonrisas de pabellón.
Directamente desde las calles de La Serena nos ametralla este cantor de lucha. Autogestión es su segundo nombre y consecuencia es lo que le sobra.
Señoras y señores, Jaime Plaza se saca las alas y vuela, de todas maneras, vuela.






