Ya se me paso todo el día, se supone que íbamos a hacer algo provechoso con mi amigo Rodrigo, pero al final nos fuimos a tomar. El primer schop fue a las 10:30 de la mañana, mientras por el paseo ahumada corrían los escolares escapando del guanaco la garzona sale a mirar y vuelve con los ojos rojos, comentando la cagadita que estaba quedando en la calle. Mejor salir de ahí, no creo que sea un buen lugar para beber a esas horas en día laboral.
-Vamos a un bar como la gente- comenta Rodrigo- Conozco uno acá a la vuelta.
Sigo creyendo que es demasiado temprano para un vodka tónica en el bar central de puente. Sentados en una barra ínfima llena de gente almorzando pantrucas seguimos nuestra conversación, hasta que el mesero se acerca y nos dice que prefiere tener ese espacio con gente almorzando que con un par de zánganos tomando. Expulsados de un bar antes de la una de la tarde, excelente record para el archivo, enfilamos hacia Plaza Italia.
Gracias a jebus, mi socio tiene el trabajo más desgraciado del mundo (embarga a los que no pagan las deudas) y gana harto dinerito. Estamos instalados en la Fuente Alemana, demasiado curados para el gusto de cualquier ser humano decente, un par de lomitos y decidimos que es la hora de la retirada. Cruzando la Plaza de Armas el destino nos lleva a pasar fuera del mítico Caracol Bandera, un tipo de dudosa reputación nos entrega una invitación a “tentación grados 3”, el más fino cabaret de Santiago centro, de seguro está entrenado en captar ebrios como nosotros. Decidimos conocer el antro antes mencionado, bajamos un caracol híper sórdido, ningún local habilitado, solo se escuchaba en el fondo música fuerte, y damos con la gran puerta del puticlub.








