Pocas veces se escucha en la radio a algún fruto del trabajo. Me explico: la mayoría de las canciones que son programadas en las radios chilenas, son producto de campañas de marketeo miserables y canallescas (como dijera nuestro querido Sebita) realizadas por sellos discográficos o por productores musicales o por los sombríos personajes detrás de los intereses económicos de algún allegado; pocas, poquísimas, son las ocasiones en que oímos de un artista que de tanto hacer bien su pega consigue por fin poner su música en la palestra más visible (audible en este caso, si bien la radio moderna le trae imagen y hasta colores, al estilo festivalero) del espectro musical: la radio.








