Jun 14
Desde el 2008 se han encargado de ponerle rock y blues a las fiestas universitarias. Desde el 2008 que dejaron de comer fideos con salsa y ahora andan quebrando ventanas por el puerto lindo. Desde el 2008 se pasean con sus instrumentos a cuestas por algunos bares porteños, que los acogen como se reciben a los animales del zoológico, canten, griten, aplaudan, pero no me despierten a los vecinos. ¿Falta blues en el puerto? Falta blues en Chile, yo creo. O el circuito le ha sido esquivo a mis oídos por un buen tiempo. Fuera de La Rata Blusera, El Cruce, La Rompehueso, creo que he escuchado a un par de bandas más. O no me acuerdo del resto. Magnolia me faltaba.
La Rompepaga no olvida sus orígenes en la UPLA, en el corazón revolucionario porteño, en la república independiente de las barricadas y las lacrimógenas. Y aunque la verdad, el blues no me vuelve loco, creo que cualquier obra creativa ligada al rock es mejor que escuchar el waka waka de mierda que se escucha hasta en el baño de un bus.
Inevitable decir que vengo llegando de Concepción, una ciudad blusera desde que fuera fundada por la santa patrona Jacqueline van Rysselberghe, y que ahí, en una peña folclórica como lo es el Club Bonita, donde en la entrada te pintan un estrellita en la cara y te regalan un vaso de tinto, me vine a encontrar con una banda de blues de mi facha y espiritual ciudad: La Villalemana Blues Band. Mentira, no era la VBB. Pero el vocalista era el mismo o se parecía mucho. Este viejo canoso de 120 años, es el mejor cantante de blues que he visto en vivo (repito, no he visto muchos, ilústrenme bluseros del mundo) y tiene más onda que Freddy Turbina fumando marihuana en una pipa de agua.







