
Dale, yo te acompaño, fue mi sentencia de muerte. Las cuatro palabras con las que le prometía a la Kuxina acompañarla al carrete que vislumbraba para titularse como el mejor del año, tenía todo para serlo, buen lugar, buena compañía y excelente ambiente, todo lo que yo podría titular como “shuper loco”.
Pasaron así los días, comentarios vía internet, no te olvides y blá blá blá hacían más ansiosa la espera del tan ansiado día, hasta que llegó, tardó, pero llegó. Yo aún tenía que arreglar cosas de la pega así que llamé a Kuxina y le informé de mi hora de arribo al magno evento, del otro lado de la línea se escucha –Dale, yo aún estoy en el PEDA entregando unos libros, me junto con la chica y nos vemos allá en la noche-OK. Terminé lo más rápido que pude y partí a mi casa para emperifollarme (me arreglé más que la yegua del Tony), lista y dispuesta a pasar la mejor noche del año (según yo).
Partí rumbo al carrete, pintarrajeada como cuál payaso, cagá de frío, pero rica así que daba igual mientras manejaba feliz de la vida (pisteando como un campeón). Suena mi celular -Aló? sí? Kuxina? estai curá? -Brno, oseabrhip, un poco, ters estoy br esperando afuera -Dale OK, estoy casi llegando. Ya las tres sentadas en el auto partimos a comprar copete. La weona no estaba media curá, estaba entera curá, hablando fuerte BIEN FUERTE! Y repartiendo palmetazos a diestra y siniestra. Me compré tres chelas y partimos, sin destapador, filo, pensé de forma ingenua, el carrete debe estar lleno de weones con destapadores, asfixiados con lo lleno y genial!