
Matías Saavedra ahorca sus recuerdos y los presenta a todos como si fueran lo único que le queda. Le duele cantar, le duele el aire y el sol.
La verdad es que la actitud de Matías es similar a la nuestra (me refiero al abecedario de LUP), no le importa lo que piensen de su música y le da lo mismo. Bueno, no tan así, pero toca por que le gusta. Sabe que con sus estudios formales de música sabe más que muchos, pero también sabe que el oyente de hoy no tiene talento y son pocos los que reconocen una nota bien lograda, un ritmo atípico, a final de cuentas, lo diferente (me incluyo, yo no cacho ná).
A Matías Saavedra lo conocimos en el Bar La Canción de la Trova, ahí en la subida Cumming llena de pacos y flaites y borrachos y asaltados y marihuaneros y vegetarianos y podría seguir pero me aburrí.
Hablamos y nos pusimos de acuerdo para no sé qué.