Pareciera que todas las nubes también quisieron asistir al Rockódromo 2010, o al cierre glorioso de este, mejor dicho. El cielo se muestra apenas borroso detrás del manto grisáceo que humedece el aire y me recuerda a esas tardes de pichangas futboleras en que el sol era tímido y el sudor de los rostros no se secaba con nada.
Hoy no quiero oír quejas de ningún tipo, pienso, y al parecer digo, porque Sr. M me mira extrañado. Que sea como esa interminable versión oficial de Get Ready y que suene toda la música tal cual como debiera. Que cada cuál olvide sus límites y haga de esta tarde un juego perfecto.
Con 2 horas de retraso (según el flyer que llegó a estar en cada mesa de cada bar de cada calle de este puerto enfermo) y con olor a artesa y a autogestión, se inicia este festival de la buena onda en el Muelle Barón de Valparaíso.

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