Foto: Txapulin [cc]
Para mi amigo Nicolás Muñoz B.
un devoto lector y admirador de Isabel Allende.
Me han pedido –intento cumplir: ya parezco una meretriz complaciente- hablar sobre la última galardonada con el Premio Nacional de Literatura, para los que no saben, recompensada en esta ocasión, enaltecida, la Señora Isabel Allende. Cuando N –lo llamaré N- lo pidió, como siempre me sorprendió por su sagacidad y finura, su arrojo si se puede decir así, con los temas que propone, lo llamaré, una virtud especial para la contingencia siempre urgente. Empero lo cierto es que me negué en primera, segunda, y tercera instancia, aun cuando escribo y atiendo la insana propuesta, a desgano, no puedo dejar de manifestar, que mejor momento para hacerlo, mi completo desacuerdo y desaprobación con la ejecución de este escrito. He de suponer que el gratísimo N ha querido que sea yo y no él –N es un entusiasta de los libros de la Señora Allende- que escriba sobre esto ya que, yo, envés de N, no creo en la escritura como felación –sus escritos a veces son pura irrumación, boca pasiva donde no salen letras o palabras ni frases sino entran papiros lustrosos y tibios de manera generosa-, por lo cual debo yo ser la persona apropiada para esto.