
Lo más hermoso de todo es que tengo diez vidas para imaginar aves, estrellas, pasiones, romances y amores que puedo cantar bajo la normalidad de un despertar sin callar.
Universonidominante
Primera palabra que tengo en mente: Hermano.
Lo escuché en vivo en la Pelea de Gallos 2, y caché que el socio algo tenía que me llamó la atención terrible de rápido.
Ah, sí. ¿Hermano? ¡Claro! Hermano porque a la salida nos saludamos, presentamos y pah!: -Hola hermana, cómo estay- y blablabla. ¿Qué quieren que haga? El hermano me pegó lo de hermano/hermana y nada que hacer.
Todos lo somos, al fin y al cabo ¿no?
Gastón Gómez tiene 23 años y es de Concepción, ciudad que es mi hogar desde hace poco más de dos meses. Pero ¡ya! No vine a hablar de mí, sino de él.
O sea, más o menos. Mi idea, en este momento, no es escribir una mini biografía ni presentar al Gastón como persona, como lo he hecho con otros chiquillos.
No. Con él voy al grano. Así de simple.

“Ha llegado la hora vestida de pánico
en la cual todas las vidas carecen de sentido, carecen de destino, carecen de estilo y espada
Carecen de dirección, carecen
de todo lo rojo y terrible de las empresas o las epopeyas o las vivencias ecuménicas,
que justificarán la existencia como peligro y como suicidio; un mito enorme, equivocado, rupestre, de rumiante
fue el existir”
(de Canto del Macho Anciano, Pablo de Rokha)
Repito: todas las vidas carecen de sentido. Le doy la importancia que siempre se ha relegado a las tumbas: todas las vidas carecen de dirección. Insisto en gritar lo que está pintado en cada muralla y que parece saltarnos encima a cada paso: todas las vidas carecen de todo lo rojo que justificará la existencia como suicidio.
Y el vínculo no es claro.
¿Qué tienen en común la música y Pablo de Rokha? El vértice es explosivo, atómico y mundial. De un inicio, sabemos que el poeta esdrújulo tenía en sus versos ese caudal incontenible, sabemos que entre sus adjetivos corría más que sangre y odio; y ahí, justo ahí yo creo que está el vínculo. Ahora se ve claro. De Rokha vivió (a su pesar, lo hizo saber) lo justo para ganarse el Premio Nacional y putearlo, hizo arrepentirse a cada uno de sus palabras de envidia. Cultivó el odio profesionalmente y el amor apasionado por sus ideales.
Papita cosechada por
Sr. N

Una fábrica cargada de potencia y también de potencial
De camisa negra y con corbata del mismo color, la plana ejecutiva de Robótica Chimbarongo Limitada, compuesta por Ignacio Suárez (voz), Néstor Osorio (batería), Pablo Aranda (bajo) y Esteban Ruedlinger (guitarra). Robótica… es una empresa de ficción creada por la banda para contextualizar las consignas que componen sus temas y es a esta fábrica creadora de androides, tipo robot obrero, a quienes dirigen sus letras.
Una ironía que les ha brindado una atmósfera de creatividad y que sustentan sus críticas y también autocríticas frente a la sociedad, el consumo, la sumisión, frustración e impotencia que genera la sociedad actual. Como la energía catalizadora de su potente sonido en los escenarios, señala Ignacio Suárez, a la crítica constante contra el sistema, la que toman no como un pretexto de queja, sino que como la ficha que hace andar la fabrica de música que es lo que en definitiva son.
Entre tanto desahogo encontramos a una banda con uno de los sonidos más limpios y sólidos del underground del rock chileno, underground, por opción, ya que, a pesar pertenecer a Bolchevique Records y tocar bajo el amparo de ciclos de rock de importantes revistas del género y algunas marcas de cerveza. Robot The Mimbre conserva la esencia del músico que busca entregar y difundir su arte, sin caer en la tentación que provoca la fama y la masa, siendo esta última un tema recurrente en sus tracks.

Son de por ahí y por allá. Son conocidos y respetados. Son pegados. Son como quieren ser. Cuentan que los han visto recorrer los escenarios hace más de 20 años, que sus integrantes desaparecen apenas tocan el último acorde, que sus discos son fumables, que comen sólo mientras escuchan música. Se dicen muchas cosas, no todas ciertas, claro está, porque Umbría en Kalafate lleva tiempo tocando, pero tampoco tanto. Pongámosle ocho años, nueve. No deja de ser.
¿Y cómo es que usted no los ha escuchado?, ¿Culpa de quién es? De nosotros, obvio. Si tenemos este disco guardado hace alrededor de dos meses. Consumo personal.
Umbría se mueve cómodamente por Valparaíso, por Quilpué, por Santiago y en general por Chile. No físicamente, de eso no tenemos idea, ellos verán como se mueven; pero recorren todos los rincones de nuestra quebrada (y maltratada) geografía con sus acordes envolventes. A ratos suenan a cóndor planeando por el “cielo azulado”, a ratos a zorro sigiloso en medio del bosque. Entre sus registros, puro Chile. Aunque reconocen influencias post rock gringas y europeas, sus mezclas parecen ser las primeras criollas en hallar sonido propio. Lo electrónico y lo psicodélico acá va de la mano.
Ah! Y hablando de psicodelia, ¡qué les digo siempre de las bandas en vivo! No son juego de niños. No lleven a sus hermanos chicos sin previa advertencia. Pueden salir trágicamente rockeros a su pesar, después de ver a una banda tan potente como Umbría en Kalafate.
Papita cosechada por
Sr. N

Por una humorada nació la banda y sin más ni más, un par de años después, llega el llamado para actuar en carnavales culturales. Valparaíso lleno de gente, previo al año nuevo, país invitado México y qué mejor que rancheras para animar a la gente, compartiendo escenario con María José Quintanilla (!!!!) y Armando Manzanero.
Está todo el equipo listo para partir cerca de las siete de la mañana. Prueba de sonido muy temprano, para amenizar un vinito, una cosa poca, viaje sin complicaciones. Llegamos a Valparaíso cerca de las 9am, todo mal, el escenario está pelado, una maldita pérdida de tiempo eso de levantarse temprano por las puras. Un par de llamadas y los técnicos vienen en camino, unas micheladas para seguir amenizando, así llegó el medio día, por fin a probar sonido, todo bien, en 30 minutos estamos listos, la producción sorprende -les tenemos una habitación en el Hotel O’Higgins- risa generalizada y partimos al hotel, un poco borrachos, pero qué le vamos a hacer, así siempre ha sido.
-Compremos un tequila?
-Mmmmmmmm YA!
Muy bonita la pieza del hotel, el tequila Sombrero Negro se hace poco, vamos por dos más, el olor a marihuana se siente en todo el segundo piso del alicaído hotel. Ya se nos fue gran parte de la tarde, estamos ultra borrachos, y faltan 5 horas para tocar!!, el pronóstico no es el mejor, pero la moral esta alta.
-Vamos a la piscina?
-Buuuena, yo creo que ahí vamos a despertar
-Pero nadie tiene traje de baño
-Cierto, pero nos bañamos con ropa o calzoncillos

Ayer ocurrió algo extraño, o quizás lo fue para mí, mientras viajaba camino a casa en la pintoresca locomoción colectiva de nuestra región y escuchaba música con mi grande en tamaño, pero pequeño en capacidad reproductor musical, se sentó a mi lado un joven normal. Hasta ahí todo bien, pero de pronto ocurrió lo mas terrible para alguien que vive lejos de la ciudad misma, y tiene que ocupar un asiento por largos y eternos minutos en la micro, era casi el comienzo del viaje y la pila de mi mp3 murió, fue una de las pérdidas mas grandes de mi vida.
Pero es ahí donde ocurre el milagro, aquel joven compañero de trayecto al darse cuenta de lo sucedido, se quitó un audífono y me lo cedió para que escuchara junto a él y así el viaje fuera un poco mas agradable. Tras dar las gracias tomé el audífono y rogando que no fuera reggaeton comencé a escuchar su playlist, en donde una banda acaparó mi atención, su nombre Óptica y Ondas y con cariño y locura, es como ellos mismos definen el proceso de su creación musical.
Al parecer no están para nada equivocados. Al escucharlos se logra identificar claramente la dedicación, tiempo y cariño que entregan en sus melodías, además de pequeños procesos de euforia controlada, la cual logra florecer en tonos delicados para continuar y terminar con cada uno de sus trabajos.
Papita cosechada por
Sr. J
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El menú de la semana
Martes Donde las papas queman
Viernes La papa en el calcetín
Sábado Dos cucharadas y a la papa
Fueron la última papita un día... »
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