Siete de la mañana del 18 de Diciembre. ¿Dónde estoy? Un despertador me suena extraño. Es el mismo y yo soy otro. ¿Es el despertador lo importante acá? Logro enfocar mi mirada y por fin siento una gota de seguridad, estoy en mi casa, acostado con los pies en la almohada, con las zapatillas en mis manos, pero en mi casa. El despertador se calla de una patada precisa y yo comienzo a recordar.
A las 19 horas del día anterior un llamado me sacó del letargo. Había estado leyendo Pavese, viendo The Acid House, nada se veía muy positivo esa noche. Era Sr. P: Alo. Sí. Pucha es que… ah ya. ¿dónde queda? Será, vamos. Y así no más fue. Una botella de vino bajo el brazo, un pan en el bolsillo, una chaqueta antibalas para ir a la guerra.
Después de estar media hora entre unos mutantes de caras azules cantando y pateando vasos con ritmo cansado (suena raro pero es tal cual), caminé con Sr. P por las calles aún vacías rumbo a la dirección indicada. Sindicato de estibadores.
Una calle, un pasaje, otra calle, otro pasaje, gente buscando el sindicato tal por cual, alguien preguntándole a los porteros de los pubs. Nada. Una tocata fantasma de aquellas. Volvía el letargo. Las manos picando por una cerveza.
Sr. P daba por perdidas nuestras borracheras cuándo vimos la puerta del paraíso abriéndose frente a nuestro ojos. Unos argentinos cobrando entrada y un rusio rasta vendiendo los discos. Excelente.
¿Qué mejor que la autogestión? La autogestión on weeeed.

Papita cosechada por
Sr. N

Entre los tomates y el cemento está Quillota, ciudad de paltas listas para triturar sin piedad, untar en la marraqueta (pan batido dicen que dicen) y devorar en el manso bajón del carrete del lunes. Una ciudad pequeña y tranquila, un pueblo chico cuyo infierno es grande, y que vibra con la música de Manwaxson, Testosterona pura, audaz, hardcore e intenso.
Once años se cuentan desde los orígenes de ésta banda, conformada solo por chicos rudos de esos que rayaban las paredes del baño y terminaban el año raspando la condicionalidad. Hoy cambiaron la inocencia por desfachatez y no temen al maltratar sus guitarras y azotar los platillos al son del funk.
Manwaxson nació casi dándose el abrazo, a fines del ‘98’ en un proyecto que surgió entre las aulas, las chelas y el cigarro, compañeros de escuela y de vida, subieron un día al escenario a prenderle fuego.
Dentro de la sala de clases, los juegos, las risas cómplices, evidenciaban un compañerismo que hasta la fecha se vive en el grupo. Una simple talla, una joda cualquiera, le dio la posibilidad a éstos jóvenes de bautizar a la banda como una oda al miembro masculino, a ese “dios” que llevan entre las piernas, y así, en un juego de palabras, una modificación de letras, una simple suma y resta, tal cual una receta de cocina, el “manguaco” se transformó en Manwaxson y así nada más.
De un tiempo a esta parte nos venimos dando cuenta de cómo operan las cabezas que ostentan el poder en nuestro país: Chile se reparte en una pieza sin ventanas y con poca ventilación. Chile vendiéndose a cualquiera que pueda pagar. Chile cegándose ante pantallas planas saturadas de color. Chile que llora y no sabe el porqué.
Papita cosechada por
Sr. N

Jueves frío. Los músicos de la peña solidaria se turnaban en la puerta del Rostock. Se conversaba tranquilo en un ambiente de almuerzo familiar, pero esto es tema para otro día.
Tipín 11.30 de la noche me instalo en el Bar Proa al Cañaveral, y parece que ya no cabía nadie más. Las ventanas abiertas de par en par daban al salón oscuro una sensación de estar en un cuadro del grande Pato González. Eran las luces de los postes las que prendían los rostros de los asistentes. Una cerveza tras otra, unos gringos tirándose de las narices en el baño, la noche se hace cabrona y se prepara para estrujarnos.
Y es ahí. Aparecen en el escenario dos seres de otro planeta. TorrejaStar dice el teclado. Guitarra de palo presente. ¿Quiénes son? Ni idea. ¿Qué hacen? Llenan la noche con cumbia chora. La voz fatigosa y hostil, nos recuerda que cantar bien o tocar perfecto no hace la actitud. Son choros. Insultan al público. Todo es un chiste. Unas letras sacadas del manual de Zambayonny. Son los TorrejaStar. TorrejaStar. Y eso es. Cumbia rock y torreja. Están preocupados por los minutos que les quedan. Pero nadie los está echando muchachos. Dénle no más.
Bueh… Ya es la 1 am y Chico Trujillo sale al escenario. No cabe ni un pelo más. El Macha nos recuerda que mirar al frente es lo primordial, y yo pienso “que linda está la noche, la mansa vista”. Claro, esto lo pienso antes que del techo empiecen a caer pedazos de madera y la gringa a mi lado piense que se va a derrumbar el boliche. De Chico Trujillo en sí mismo no se puede decir mucho. De las risas y la complicidad con el público, si. Desde bajo del escenario se oye más fuerte y el Proa entero baila (sí, el edificio bailaba); me termino por emborrachar de cumbia. Se me apaga la tele.
Papita cosechada por
Sr. M

Varias veces estuvimos tentados, pero no concretamos, hasta que llegó nuestra queridísima Srta E, y sacó la cara por LUP. Se mandó un vino al seco y estuvo con esta talentosa artista quien comentó parte de su trayectoria, sus inicios y estilo de vida, en una intensa conversación.
La bohemia porteña expresa sin lugar a dudas una mística inigualable, esas noches aromáticas, el sonido del mar violentando roqueríos, las luces naranjas que iluminan la avenida Errázuriz dándole un toque de fantasía que provoca.
Las calles, los paisajes, los colores. Todo indica que en Valparaíso nada puede estar mal.
Ciudad de grandes artistas, una poesía plasmada en nuestro patrimonio de la humanidad, un sinónimo de talento.
Allí brotan grandes exponentes de distintas ramas del arte. Se gestan en ese valpo lindo y querido, en la perla del pacífico, esa que te entrega un sello propio, marcado en tu piel llamado identidad.
Bajo esta línea, así nada más, podemos hablar de un talento innato, Pascuala Ilabaca quien goza de su amor por la música. Una melodía suave interrumpe éste escrito, y es que mi youtube terminó de cargar, y suena uno de los más recientes trabajos de ésta porteña buenamoza que no deja indiferente a persona que escuche su música.
Los acordes, definen un camino por recorrer invitándonos a volar. Nos traslada.
A algunos se les ocurre comerse todo el pan del desayuno en el bajón de la noche. A otros se les ocurre perderse dos días completos y no avisarle a nadie. A otros se les ocurre bajarse una estación antes en el Metro y dejarlo a uno esperando una hora. A todos se les ocurre conversar cuando yo quiero silencio.
Soy el individuo.
Soy el ojo que juzga.
Soy la mano que aprieta.
Atolondrado y atormentado.
Lerdo y disperso.
Bobo & lelo.
La melancolía es el único punto de vista que cabe en mi cabeza. O mejor dicho, no cabe en mi cabeza más que la melancolía; de allí, de ese puerto zarpan los nuevos latidos e ideas flamantes. Latidos que mueven al corazón, que sobre todas las cosas son razonamientos imaginarios. Co-razón dijo Matta. Razón compartida. Por la mente y la melancolía.
Espero y no apareces
No te veo pasar. Hace una hora
que te espero y no apareces.
Es una idea peligrosa
que pases frente a mí
y no te reconozca:
Que pases por la calle
mires a mis ojos
sientas mi olor
retumbes en mis oídos
(lo mismo yo)
y nada de calor.
Es una idea divertida:
que pases frente a mí
y te hagas la loca
(lo mismo yo).
Hacerle frente a la melancolía es una batalla perdida. Contra la corriente se nada cuando se quiere fortalecer. Cuando se quiere aprender. Y acá estamos aprendiendo. A golpes, ojalá.
La corriente dice una cosa. Nosotros no somos la corriente. No somos ni común, ni corriente.
Perdemos de nuevo. Pero jugamos bien.
Papita cosechada por
Sr. N
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El menú de la semana
Martes Donde las papas queman
Viernes La papa en el calcetín
Sábado Dos cucharadas y a la papa
Fueron la última papita un día... »
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